
Érase una vez una joven princesita que vivía en un palacio donde todas las semanas se celebraba una fiesta para que la niña disfrutase con el resto de jóvenes que vivían en los alrededores del castillo.
No se preparaba de manera especial, pues era una fiesta más de tantas que ya se habían celebrado. Sacó del armario un de sus múltiples vestidos y los zapatos a juego con el bolso. Se dio un baño de espuma durante horas, se maquillo y se vistió. Aquel día estaba radiante. Se lo decían todos los sirvientes que se encontraba por los pasillos de palacio y ella se ruborizaba.
Cuando llegó la hora de la fiesta, se dirigió al gran comedor donde ya se encontraban todos los invitados. De entre la multitud destacaba un joven, un chico al que no había visto nunca.
Tras la cena, el joven se acercó a la princesa con otro amigo para presentarse. Algo pasó entre ellos, algo que nunca le había pasado antes a la princesa. Parecía que conocía a aquel joven desde siempre, pero era la primera vez hablaban. No hacía falta ninguna palabra para entenderse, sobraba con las miradas y gestos que se intercambiaban.
La noche acabó, el sol ya se reflejaba en los ventanales del gran salón del palacio. Para la princesa, la fiesta se había acabado muy pronto, porque mientras estaba con aquel joven notaba como el tiempo se le escapaba de las manos. Aún no había salido por la puerta y ya se preguntaba cuándo le iba a volver a ver.
Al día siguiente mandó a los sirvientes que organizaran más fiestas con cualquier motivo y que invitasen a los aldeanos. Así logró reencontrarse con aquel chico tan especial.
Los jóvenes se sentían muy bien juntos. Buscaban cualquier momento del día para verse, para mirarse, para hablar,... aunque ya sabían todo uno del otro.
Una noche calurosa en que la luna brillaba en lo alto de un cielo estrellado, los jóvenes paseaban por el río que separaba el palacio del pueblo. Se miraron a los ojos y sintieron algo especial en su interior. El joven tomó la mano de la princesa y la acercó hacia él y la besó. Parecía como si el tiempo se parase, como si no hubiese nada más a su alrededor. Los millones de estrellas y la luna que iluminaban el cielo contemplaban el amor de la pareja.
La mañana siguiente la princesita radiaba felicidad en su rostro. Sus ojos brillaban como nunca y su sonrisa iluminaba todo el palacio. Era feliz, la princesa era la mujer más feliz del mundo.
Nunca pensó que aquella persona que había encendido el fuego en su corazón iba a apagarlo tan pronto.
Esa noche volvió a encontrarse con “su príncipe” al otro lado del río. El joven no reía como la noche anterior, no mostraba felicidad como la princesa. Tras aquel beso, un beso como los de los sueños, pensó que aquella princesa no era para él.
No quería hacerla sufrir, así que la abrazó por última vez y decidió marcharse lejos, muy lejos de aquel palacio. Mientras, la princesa se quedó sentada junto al río donde caían las lágrimas que salían de sus ojos. Lagrimas de desamor y que recorrían sus mejillas, sus labios y que finalmente desaparecían en el agua de aquel río que vio como el amor llegaba y se iba de su vida.
La princesa se encerró en su cuarto y derramó toda su tristeza. Le habían arrancado el corazón y ella sabía que esa cicatriz tardaría en cicatrizar. Siguió adelante, sin corazón ni sentimientos, pero continúo con paso firme por la vida. Salió se su cuarto y les dijo a los sirvientes: "de ahora en adelantes, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón (la Princesa y el Enano, Oscar Wilde)".
Tras aquella experiencia la joven princesa se preguntó: ¿A cuántos sapos tendré que besar para encontrar a mi príncipe?
Y colorín colorado, ni se casarón, ni fueron felices, ni comieron perdices.
Un cuento más cercano a la realidad que las tradicionales historias en las que la princesa encuentra a su príncipe azul y su vida es de color de rosa. Ahora las niñas ya no queremos ser princesas.
1 comentario:
ps...bueno esa princesita me parece que soy yo...y también me preguntó lo mismo.
¿a cuantos sapos tengo que besar para encontrar a mi princesito?
una vez me paso algo parecido a está princesita.
conocí un chiko un día cuando me perdí camino a mi trabajo (era mi primer día).
cuando estaba de regreso me extravie y no sabia como llegar, ps estaba muy asustada, fue así que entre tanta gente se apareció él(creo q noto mi preocupación)se acerco y se me presentó, esa noche me explicó el camino y no sé paso algo que jamás me habia sucedido, parecia como que lo conocia de tiempo xk desd que lo vi me entro mucha confianza, estabamos caminando y de pronto nos sentamos en un parque, una vez allí nos miramos muy profundamente y nos besamos.
fue algo hermoso, no podia creer lo que me estaba pasando, no sabia que decir,lo único que sabia era q estaba FELIZ.
nos dimos muchos besos esa noche y él me hablo muchas cosas lindas. luego decidi regresar al trabajo, él me pidió mi número de celular sé lo dicte y nos despedimos, habiamos quedado en que me llamaria para planear nuestro segundo encuentro.
me fui contenta, regrese al trabajo y deje mis papeles y las cuentas.
luego fui a casa muy REFELIZZZZ porque aún no despertaba de aquel sueño hermoso que m parecia vivir.
pero me duró tan sólo unos cuantas horas...cuando llegue a casa mi celular se me había caído.sha no lo tenia conmigo.
como deben imaginarse tambien se me perdió aquel princesito que por un momento creí que me había llegado.
ni modo lo perdí ia ven no fuimos enamorados...no nos casamos ni fuimos felises...simplemente él me onocio perdida y ahora yo lo tengo perdido a él.
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