Cuando pensaba que ya nunca podría ser feliz, sin esperanza, sin ilusión, cuando se veía sumergida en un mar de dudas que no la dejaban reaccionar, entonces, llegó él. Fue una noche de otoño, ella y sus compañeros de clase habían organizado una cena con motivo del final de curso.
Ella, sin ánimos, cansada, confundida, melancólica, pensó que sería una noche más en la que después de bailar, de fingir felicidad y diversión, volvería a su cama como cada día a llorar y a contarle sus secretos más íntimos a su almohada, esa que nunca falla, la que siempre la apoya, su cómplice. Su vida no había sido agradable, aún sin ver pasar su diecisieteavo verano ya sabía bastante sobre desamor, engaños, traición, falsedad, desilusión y un sinfín de malas sensaciones que anidaban en ella presas de su memoria. Se sentía vacía, como cenizas en la lumbre; el tiempo la iba pudriendo poco a poco, se sentía sola; pero no una soledad en estado puro, sino esa sensación de saber que tienes gente a tu alrededor, pero que nadie te entiende, ni siquiera nadie se molesta en intentarlo.
Esa noche la cambió por completo; cuando acabó la cena, en la que había estado bastante sociable, se reunió con su pandilla y se fueron a una discoteca. La noche se presentaba como todas: copas, baile, cigarros, cansancio... pero de repente, entre la gente descubrió a un ser maravilloso, alguien que sólo con mirarle a los ojos sabía que era especial. La mirada fue recíproca y repetitiva hasta que él se atrevió a acercarse a ella, entonces empezaron a hablar y a bailar. Ella no sabía si lo que estaba pasando era real o sólo producto de su imaginación, pero le gustaba. De repente sus bocas se fundieron en un cálido y largo beso, y así estuvieron hasta que ella tuvo que partir, no sin antes intercambiarse los teléfonos para quedar otro día.
Al día siguiente ella recordaba esa noche con dulzura, sabía que no le conocía realmente pero sentía que necesitaba volver a verle, y así fue, tras unos días se volvieron a ver y la chispa surgió entre ellos, parecía el inicio de una gran historia. Ella, temerosa de que le ocurriera como otras veces estaba desconfiada, pero la ternura y el embrujo de aquellos ojos podían contra toda su desconfianza. A partir de ahí empezaron a salir juntos y ella se iba encariñando un poco más cada día que pasaba, y es que: ¿cómo no encariñarse de esas palabras tan poéticas, tan sinceras y tan llenas de dulzura?
Pero tenía la impresión de que no podía ser todo tan fácil...y tenía razón, no llegaba ni a la octava semana de su romance y él ya parecía distante. Entonces fue cuando le dijo que no podían seguir juntos porque consideraba que había una diferencia de edad excesiva y eso suponía una gran barrera entre los dos.
Aquella noche fue una de las más tristes de su existencia, le había vuelto a ocurrir; ella creyendo otra vez en el amor y cayendo otra vez en el sufrimiento. Pero los días posteriores él la seguía llamando, quería quedar con ella, tener la opción de ser amigos, y eso pretendían, pero cada vez que quedaban surgía la magia y se besaban y no podían parar. Ella sentía que cada día se iba muriendo un poco más porque sabía que no podía tenerlo completamente. La situación la superaba; ella daba mucho más de lo que recibía ya que sabía que él no la quería realmente.
Un día, harta de aquella historia y sin ver solución alguna, decidió acabar con toda esa farsa. A su alrededor sólo veía hipocresía, sentía que no le importaba a nadie y no podía aguantar más, entonces, tras aquel verano tormentoso, decidió quitarse la vida, no sin antes haber escrito una nota al que para ella fue su gran amor, donde decía que lo amaba profundamente y que no aguantaba más. Escupió su alma en cada frase de aquella carta.
Él, cuando recibió la carta y se percató de lo ocurrido no daba crédito, después de ese día no habló más, había perdido su otra mitad, realmente la quería pero él era demasiado superficial como para entender que se había enamorado y por eso no quiso seguir con ella,no supo controlar la situación. De repente`pensó que debía ir a buscarla donde fuera, pero instintivamente cogió otra hoja y empezó a escribir:
"Lo que nunca te dije..."
Tras aquellas palabras sintió un dolor intenso en su brazo que no pudo frenar...no pudo escirbir más...
Ingresó en un centro psiquiátrico y nunca volvió a hablar, se pasaba los días en una silla mirando al cielo y con la carta en la mano, siempre la llevaba encima.
Esta historia sólo la conocieron ellos, no tiene nombres ni fechas, tan sólo sentimientos...algo tan efímero como duradero, algo tan complejo que ni tan sólo los grandes filósofos han sabido descifrar.