
Hay personas, como es mi caso, que lo que más le gusta de la comida es el postre: un flan, un trocito de tarta, natillas… ya sabéis esos dulces para finalizar una buena comida. Para reservarme para el momento en que el camarero entre con ese platito, suelo dejar a medias el primer y el segundo plato porque yo me tengo que reservar para mi postre favorito.
Pero hay gente a la que esto les pasa con los chicos. Esperando a que llegue ese bombón dejan pasar un buen solomillo, que a lo mejor no está tan bien presentado como ese flan con su nata o esa mus, pero quizás les llena más o es más apetitoso.
Quizás ese chico no sea tan guapo, no tenga esos músculos o no tenga hoyuelos cuando sonría, pero igual tiene otras cosas que no están a primera vista y hacen de ese solomillo un auténtico flan con nata.
Sinceramente, esto es difícil porque todo entra por la vista como solución propongo: ¡¡¡¡comer más!!!!! (Técnica masculina donde las haya, aprendamos del enemigo).
Texto dedicado a mi tocaya, futura compañera de trabajo y fan número 1 de este blog, un besazo guapísima.
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